sábado, mayo 9, 2026

El nuevo tráiler de La Odisea (The Odyssey, 2026), interpretación de la epopeya clásica de Homero a cargo de Christopher Nolan, abrió un nuevo debate; de esos que tanto le gustan a Internet y a las redes sociales, cada vez menos relevantes y más ‘ruidosas’ en el análisis de cualquier producto cultural. Por supuesto, todas las críticas son válidas, mientras tengan fundamentos, pero ¿por qué, de repente, le damos tanta importancia a los acentos en las películas y series? 

A diferencia de otras adaptaciones, Nolan decidió (muy conscientemente) no utilizar la típica “inflexión británica” –muy asociada a lo ‘antiguo y formal’– tan característica en los relatos fantásticos inspirados en la épica medieval, ya sea la saga de El Señor de los Anillos o el universo de Game of Thrones. En algún punto, esta asociación se convirtió en la norma y, en las pantallas, los habitantes de la Tierra Media o de Westeros fueron forzados a expresarse en un pomposo acento británico, incluso aquellos actores de otras nacionalidades. Si esto es lo ‘aceptado’, al menos para el consenso auditivo, la entonación del inglés norteamericano –mucho más moderno– se entiende como una incoherencia o un anacronismo en estas recreaciones de época. 

Palabras como “papá” en vez de “padre” o la frase de la discordia –“Añoras a un papito, y ni lo conociste” (you’re pining for a daddy you didn’t even know)– pronunciada por Robert Pattinson en el avance, no solo parecen fuera de lugar en la adaptación cinematográfica de un poema escrito en griego antiguo hace unos tres mil años atrás; también enfurecen a la policía de la exactitud histórica, más preocupada por las palabras que se pronuncian que por la intención y el contenido de las mismas. 

Hanne Hathaway La Odisea Banner 1
Universal Pictures/Empire Magazine

En este sentido, Nolan no es un visionario ni un director ‘disruptivo’ que viene a sacudir el séptimo arte (y la épica) con sus anacronismos. Este americanismo también fue moneda corriente para las clásicas epopeyas bíblicas de mediados del siglo pasado como Los Diez Mandamientos (The Ten Commandments, 1956) de Cecil B. DeMille, Ben-Hur (1959) de William Wyler o Espartaco (Spartacus, 1960) de Stanley Kubrick; el idioma favorito de Ridley Scott para enojar a los historiadores, y hasta el tono elegido por Sofia Coppola para su María Antonieta de Austria. 

Si estas películas, en su mayoría basadas en hechos y personajes reales, decidieron evitar la ruta de los acentos forzados, ¿por qué le exigimos rigor idiomático a una fantasía plagada de monstruos y deidades, solo por estar ambientada en un tiempo y lugar muy lejanos? Acaso, ¿perdieron valor artístico por no apegarse a las normas? Por supuesto que hay excepciones como Shōgun o Apocalypto (2006), porque mantener la lengua nativa de los personajes también es una decisión pensada de los realizadores.

Tal vez es una cuestión de gustos personales o, como ya dijimos, el acostumbramiento. Por algo no nos molesta que una miniserie como Chernobyl (2019) carezca de intérpretes que hablan en ucraniano o ruso, y aceptamos sin chistar a un elenco británico con sus entonaciones de Europa del este.

La Odisea Banner 2
Universal Pictures

Un tráiler de pocos minutos apenas encapsula algunos momentos de una historia más amplia y compleja. En el caso de Nolan y La Odisea, tenemos que darle el beneficio de la duda hasta apreciar el panorama completo, muchas veces (la mayoría de las veces), muy diferente a esos avances vertiginosos, marketineros y un tanto engañosos pensados para un público más amplio. Nada de lo que pone en la pantalla suele ser azaroso, más allá de que nos gusten o no sus decisiones artísticas. Seguramente, en el contexto de la película y el universo creado por el realizador, la palabra “papá” tendrá mucho más sentido que en este adelanto; pero si perseguimos la rigurosidad histórica, también es bueno recordar que en griego antiguo tampoco existe la palabra “padre” y que, en el texto original, Telémaco suele referirse a su progenitor por su nombre de pila. 

Una de las grandes influencias del director para su adaptación, según él mismo destacó, es el trabajo de Emily Wilson, cuya traducción de La Odisea se convirtió en la primera realizada por una mujer en verso inglés; mucho más accesible en su narrativa y cercana a esa tradición oral que dio origen al texto ‘firmado por Homero’, donde aparecen palabras como “papá” y “papi”. Acá, solo podemos conjeturar, pero es posible que Nolan haya elegido el inglés americano (incluso para sus actores británicos), justamente, para contrastar con esas otras versiones más estoicas y afectadas. 

La familiaridad del idioma y el lenguaje utilizado puede conectar con la audiencia desde un lugar diferente, más humano y relacionable, al momento de contar las desventuras y conflictos internos de un rey que tiene que volver a gobernar a su pueblo, de un soldado que debe dejar los traumas de la guerra atrás y de un padre y esposo que quiere volver con sus seres queridos.  

Como ocurrió con Oppenheimer, La Odisea 2026 será la interpretación de Nolan. Por supuesto, todos los elementos característicos de la obra de Homero parecen estar ahí (al menos lo que podemos ver en los avances), pero la lectura del mito y la traslación de esa lectura a la pantalla serán únicas, como cada una de las traducciones y reintepretaciones que ha tenido el texto a lo largo de los siglos. 

Jefa de redacción. Nolaniana incurable. DC me da y me quita.