No es cuestión de andar generalizando (le puede pasar a cualquiera), pero existe un grupo selecto de realizadores que no domina muy bien la presión de los altos presupuestos. Cineastas que arrancaron con obras chiquitas y una carrera prometedora, hasta que Hollywood se metió en el medio, les ofreció toneladas de dinero, franquicias y películas comerciales… sellando su destino para siempre. Bueno, un poco exagerado.
SAM RAIMI
Imposible no querer al hacedor de una de las mejores trilogías de terror independiente de todos los tiempos. Raimi nos regaló a Ash Williams y otras tantas joyitas de bajo presupuesto como Darkman (1990) y Un Plan Simple (A Simple Plan, 1998), pero se dejó encandilar y Hollywood no fue tan amable después del pifie de la tercera entrega de El Hombre Araña.
No tenemos nada en contra de las primeras aventuras de Peter Parker, que todavía están en la cima del ranking de lo mejorcito del género; pero la decepción de la trecuela y la cancelación de la cuarta parte hicieron mella en el realizador, que tardó en volver a encontrar su rumbo y su estilo característico. ¡Ayuda! (Send Help, 2026) nos devolvió la esperanza.
MIKAEL HÅFSTRÖM
El realizador sueco tenía acumulados un par de dramas y thrillers bastante interesantes en su tierra natal, pero un día decidió probar suerte de este lado del Atlántico.
El debut hollywoodense le llegó con Descarrilados (Derailed, 2005), la primera de una larga lista de películas mediocres que pasaron bastante desapercibidas. Le damos algunos puntos por 1408 (2007), basada en la novela de Stephen King, pero no hay mucho más para sumar a su currículum después de El Rito (2011) y Escape Imposible (2013). Para subir un poco el estatus, Håfström volvió a la TV, esta vez, de la mano de varios episodios de Bloodline” (2015-2017).
DANNY BOYLE
Danny parecía llevarse el mundo por delante después de arrancar con Tumbas al Ras de la Tierra (1994) y Trainspotting (1997), película que marcó a toda una generación y demostró su estilo irreverente.
Esta ‘irreverencia’ le duró poco cuando empezó a contar los millones de Hollywood, y mechar obras chiquitas e interesantes, con películas fallidas como La Playa (2000) o muy oscarizables como Steve Jobs (2015) y Slumdog Millionaire – ¿Quién Quiere Ser Millonario?” (2008). Boyle sacrificó sus mejores cualidades como autor a medida que sus proyectos se hicieron más notorios. Al parecer, no quiso seguir vendiendo su alma y se terminó bajando de la 25° entrega de James Bond, pero le perdonamos todo tras volver al universo zombie con Exterminio: La Evolución (28 Years Later, 2025).
TIM BURTON
¿Dónde quedó ese chico dark y taciturno, amante de los géneros, lo clásico y lo gótico? Incluso tras el éxito de Batman (1989) y Batman Vuelve (Batman Returns, 1992), el realizador parecía mantenerse fiel a su estilo, aceptando el dinero de Hollywood, pero siempre jugando con sus propias reglas.
Podemos afirmar que con El Planeta de los Simios (Planet of the Apes, 2001) comenzó la verdadera debacle y, más allá de algunas excepciones –sus películas animadas–, Tim jamás recuperó el rumbo, al menos, no ese que nos había conquistado a finales de los ochenta y principios de los noventa. Se tomó demasiado en serio su amistad con Johnny Depp, y hasta podríamos decir que hizo ciertas películas solo para cobrar esas cuantiosas cifras millonarias. Te estamos mirando a vos Dumbo (2019).
GUY RITCHIE
Con un debut como Juegos, Trampas y dos Armas Humeantes (Lock, Stock and Two Smoking Barrels, 1998), Guy Ritchie dejó bien en claro de qué estaba hecho. El realizador inglés siguió haciendo de las suyas con Snatch: Cerdos y Diamantes (Snatch, 2000), sumando estrellas hollywoodenses, pero manteniendo un estilo visual tan único como verborrágico.
Ojo, esa ‘cualidad’ la sigue conservando, pero cuánto más plata en el presupuesto, más floja la película. El Rey Arturo: La Leyenda de la Espada (King Arthur: Legend of the Sword, 2017) es uno de los fracasos más rotundos de aquel año. El live action de Aladdin (2019) lo llenó de millones, pero lo que siguió es para el olvido.










