Backrooms: Sin Salida (Backrooms, 2026) debutó en la taquilla estadounidense con más de 81 millones de dólares durante su primer fin de semana. La película dirigida por Kane Parsons –youtuber conocido como Kane Pixels– solo costó 10 millones y ya rompió varios récords para el estudio A24. Al mismo tiempo, Obsesión (Obsession, 2026) de Curry Barker, producida por Blumhouse Productions y distribuida por Focus Features, logró cruzar la barrera de los 150 millones de dólares en recaudación a nivel mundial, una ganancia más que lucrativa, teniendo en cuenta su escueto presupuesto de alrededor de 750 mil dólares.
Estos dos realizadores veinteañeros tienen mucho más en común que sus éxitos terroríficos. Ambos representantes de la GenZ comenzaron sus carreras audiovisuales creando contenido y cortometrajes para YouTube, y aunque parezca un fenómeno reciente, no son los primeros. De allí, también salieron los australianos Danny y Michael Philippou (RackaRacka), responsables de Talk to Me (2022); el comediante Bo Burnham y hasta David F. Sandberg, quien después de romperla con su corto Lights Out –y la subsecuente adaptación a la gran pantalla–, entró al mundo superheroico de la mano de Shazam! (2019).
La lista sigue y sigue, y seguro continuará creciendo, ya que plataformas como YT y TikTok demostraron ser un buen semillero de talento joven (y no tanto), no muy diferente a la MTV de las décadas del ochenta y noventa, cuyos videos musicales catapultaron a realizadores como David Fincher, Spike Jonze, Michel Gondry o Antonine Fuqua.
La democratización de los formatos digitales hoy hace posible que cualquiera con pocos recursos, buenas ideas, un celular y una computadora pueda experimentar y crear, incluso, sin estudios formales. Pero, justamente, en esta falta de experiencia y formación empiezan a aparecer los mayores detractores, a simple vista, no muy entusiasmados ante la proliferación de estos nuevos directores/youtubers poco ‘académicos’. Una queja con muy pocos fundamentos, si tenemos en consideración que Steven Spielberg, Akira Kurosawa, Stanley Kubrick, Quentin Tarantino, Christopher Nolan, James Cameron, Peter Jackson o Pedro Almodóvar jamás pasaron por una escuela de cine.
Entonces, ¿qué se les crítica realmente? ¿Qué el éxito repentino pueda cambiar los modelos hollywoodenses? ¿La confianza ciega depositada en ellos por los grandes estudios en favor de atraer a una demografía específica? ¿Qué les quiten espacio a los cineastas establecidos que, muchas veces, no consiguen presupuesto para sus ambiciosos proyectos? Sí, los modelos cinematográficos se vienen modificando desde hace un tiempo. La pospandemia y la proliferación de las plataformas de streaming alejaron (bastante) a los ‘adultos’ de las salas de cine y, desde entonces, Hollywood busca la manera de atraer al público más joven, no tan interesado en la nostalgia y ciertos productos intelectuales con los que no logran identificarse. Por es el éxito de Barker y Parsons, quienes traen consigo a su propio fandom.
Desde el vamos, podríamos asegurar que los estudios están tomando más riesgos y apostando por el talento novel y las historias originales. También que están sacando el mayor provecho de sus inversiones, pensando en cómo encapsular este “rayo en una botella” planificando secuelas y continuaciones de aquello que ya funcionó, en vez de seguir mentoreando a estos jóvenes realizadores tan arraigados a las nuevas tecnologías y formas de consumo.
La gran pregunta que se desprende de este ‘fenómeno’, así como ocurrió años atrás con el Barbenheimer, es: ¿qué enseñanzas sacarán los grandes ejecutivos de una industria que, constantemente, busca alternativas para escapar de la crisis?








