Hay modas cinematográficas que se instalan de forma sutil, pero no nos percatamos de ellas hasta que alguien decide mencionarlas, por ejemplo, en una nota como esta. Desde hace un tiempo, la popularidad de los planos secuencia viene en alza tanto en la pantalla grande como en la chica, en la mayoría de los casos, para enfatizar alguna complicada y bien coreografiada escena de acción desenfrenada. Lo hizo Kingsman: El Servicio Secreto (Kingsman: The Secret Service, 2015), Daredevil (2015-2018) en todas sus temporadas y hasta David Leitch en Atómica (Atomic Blonde, 2017), abusando un poquito de este recurso.
Por supuesto, este no es el único propósito que caracteriza a esta técnica, consistente en una sola toma –más larga de lo habitual y sin cortes, de ahí su denominación en inglés “long take”– que pueden englobar varias escenas (de ahí lo de “secuencia”) con el fin de crear cierto dinamismo a través de la acción en tiempo real. Este plano nos puede introducir en un nuevo escenario, acompañar a un personaje desde su punto de vista… o acompañar a un personaje desde su punto de vista mientras nos introduce en un nuevo escenario. Las posibilidades son infinitas y, en la mayoría de los casos, suelen (y deben) tener un objetivo dramático y narrativo que justifique tanta planificación y coordinación.
La duración de estos planos es más que variada, aunque previo a la era digital los límites solían estar marcados por el metraje de los rollos de celuloide (aproximadamente de doce minutos). Hoy, los soportes digitales cambiaron las reglas del juego, permitiendo que estas tomas se extiendan más allá de la imaginación del realizador, muchas veces, concibiendo una película completa sin ningún ‘corte’ de por medio (la llamada ‘one shot’). Los ejemplos no son pocos, aunque bastante experimentales, con El Arca Rusa (Russkiy kovcheg, 2002) a la cabeza, orgullosa poseedora de una única secuencia de ¡96 minutos!
Pero no nos vayamos de tema y, sin pausa, rindamos homenaje a otras cinco de estas joyitas del séptimo arte.
EL PASAJERO (PROFESSIONE: REPORTER, 1975)
Michelangelo Antonioni es fiel a su estilo, pausado y meditativo. Acá no hay vértigo ni acción a gran escala, hay imágenes austeras y sonidos que plantean el desenlace de esta dramática historia fotografiada por Luciano Tovoli. Un poco más de seis minutos que empiezan en la habitación de David Locke (Jack Nicholson), la cámara observa hacia el exterior, a la polvorienta plaza y atraviesa la ventana, se pasea por el lugar y luego da un giro de 180 grados para volver a enfocar el cuarto de este ‘pasajero’. “Una belleza extraña y terrible, austera, elegante, enigmática y obsesiva”, así describió el actor el trabajo de Antonioni, allá por 1994.
JUEGOS DE PLACER (BOOGIE NIGHTS, 1997)
Fluido, natural y divertido como el Valle de San Fernando en 1977, así es este plano secuencia pergeñado por el director de fotografía Robert Elswit, que da inicio a la película de Paul Thomas Anderson. Una steadycam que se pasea por la calle hasta adentrarse en el club nocturno, la que nos introduce en el mundo de la disco, las fiestas y la industria porno. La cámara se bambolea como las caderas de cada uno de los personajes al ritmo de la música. Nada parece forzado, lo que podría dar a entender que pasaron bastante tiempo diagramando, ensayando y filmando este comienzo tan alucinante.
KILL BILL, LA VENGANZA: VOLUMEN I (KILL BILL: VOL. 1, 2003)
Es la calma antes de la tempestad: la llegada de la novia al club nocturno de Tokio, antes de que se arme la rosca con los ‘Crazy 88’, Gogo Yubari y O-Ren Ishii. Robert Richardson, colaborador habitual de Quentin Tarantino, hace uso de todos los trucos cinematográficos y se despacha con un plano secuencia que recorre el lugar por arriba y por abajo, de costado y de ida y vuelta. Desde el salón de baile hasta el baño, para luego volver al inicio y seguir a la pobre Sofie Fatale (Julie Dreyfus) hasta su encuentro con la Mamba Negra (Uma Thurman) y su cruel destino.
EL RESPLANDOR (THE SHINING, 1980)
Tal vez esta venga con trampita, pero la escena es tan emblemática que no podíamos dejarla pasar. El plano sigue al pequeño Danny mientras recorre con su triciclo los pasillos del Hotel Overlook. En realidad, hay varios cortes, pero la ilusión de continuidad se logra gracias al prolijo montaje de Ray Lovejoy. Esta fue la cuarta película que usó el sistema de steadicam, un estabilizador de cámara que evita que la imagen tiemble mientras el operador sigue al objeto. Su creador, Garrett Brown, se hizo cargo de filmar la escena personalmente y así poner a prueba su invento ante uno de los directores más obsesivos de la industria, Stanley Kubrick. Una secuencia que nos orienta y desorienta al mismo tiempo.
EL RENACIDO (THE REVENANT, 2015)
El director de fotografía Emmanuel Lubezki ganó su tercer Oscar consecutivo gracias a esta aventura dramática, adaptada de la novela homónima de Michael Punke e inspirada en hechos reales. Alejandro González Iñárritu dirige a Leonardo DiCaprio, Tom Hardy y Domhnall Gleeson en este arranque brutal, donde un impecable plano secuencia de 360 grados muestra al pacífico campamento de los tramperos siendo emboscado por la tribu Arikara. La cámara se mueve con fluidez entre el caos, siguiendo las múltiples perspectivas de los tramperos y los guerreros indígenas sin un solo corte. Filmada casi en su totalidad con muy poca luz natural, la escena contó con más de 200 actores y caballos como parte de una coreografía muy compleja.








