domingo, junio 16, 2024

Hay modas que se instalan en el cine de forma sutil, pero no nos percatamos de ellas hasta que alguien decide mencionarlas, por ejemplo, en una nota como esta. Desde hace un tiempo, la popularidad de los planos secuencia viene en alza tanto en la pantalla grande como en la chica, en la mayoría de los casos, para enfatizar alguna complicada y bien coreografiada escena de acción desenfrenada. Lo hizo Kingsman: El Servicio Secreto (Kingsman: The Secret Service, 2015), Daredevil (2015-2018) en todas sus temporadas y hasta David Leitch en Atómica (Atomic Blonde, 2017), abusando un poquito de este recurso. 

Por supuesto, este no es el único propósito que caracteriza a esta técnica, consistente en una sola toma –más larga de lo habitual y sin cortes, de ahí su denominación en inglés “long take”– que pueden englobar varias escenas (de ahí lo de “secuencia”) con el fin de crear cierto dinamismo a través de la acción en tiempo real. Este “plano” nos puede introducir en un nuevo escenario, acompañar a un personaje desde su punto de vista, o acompañar a un personaje desde su punto de vista mientras nos introduce en un nuevo escenario. Las posibilidades son infinitas y, en la mayoría de los casos, suelen (y deben) tener un objetivo dramático y narrativo que justifique tanta planificación y coordinación. 

La duración de estos planos es más que variada, aunque previo a la era digital los límites solían estar marcados por el metraje de los rollos de celuloide (aproximadamente de doce minutos). Hoy, los soportes digitales cambiaron las reglas del juego, permitiendo que estas tomas se extiendan más allá de la imaginación del realizador, muchas veces, concibiendo una película completa sin ningún ‘corte’ de por medio (la llamada ‘one shot’). Los ejemplos no son pocos, aunque bastante experimentales, con El Arca Rusa (Russkiy kovcheg, 2002) a la cabeza, orgullosa poseedora de una única secuencia de ¡96 minutos! Pero no nos vayamos de tema y, sin pausa, rindamos homenaje a cinco de estas joyitas del séptimo arte.   

Sed de Mal (Touch of Evil, 1958)

Sin dudas, uno de los mejores exponentes del film noir y de las destrezas cinematográficas del gran Orson Welles, que acá hace equipo con el director de fotografía Russell Metty para deleitarnos con una de las mejores aperturas del cine policial… además de uno de los planos secuencia mejor logrados y sincronizados del séptimo arte. Actores, extras y vehículos varios se van entrecruzando en esta escena que va desde la colocación de una bomba en el auto de un mafioso mexicano hasta su explosión en medio del barrio situado en la frontera entre el país azteca y los Estados Unidos. 

Las Reglas del Juego (The Player, 1992)

Robert Altman se vale de este intrincado recurso cinematográfico para introducirnos en el aún más enmarañado mundo hollywoodense. En este maravilloso plano, a cargo de Jean Lépine, están las claves para entender esta sátira del cine dentro del cine: un paseo por un estudio fílmico, sus productores, directores, ejecutivos y hasta algún que otro ‘che pibe’. Quince tomas le llevó al gran director lograr estos siete minutos y 47 segundos sin un solo corte de cámara; una escena complejísima que nos muestra de un solo vistazo a casi todos los personajes y subtramas que aparecerán a lo largo de la película. 

Niños del Hombre (Children of Men, 2006)

A falta de uno, Alfonso Cuarón y su director de fotografía de cabecera, Emmanuel Lubezki, se despachan con al menos tres planos larguísimos que incluyen un montón de personajes en medio de la acción vertiginosa. La emboscada en el viaje por la ruta es una de las más largas y complicadas (más de cuatro minutos), e involucra a cinco actores, un auto en movimiento y la cámara que no deja de menearse de un lado para el otro para darle vida a una de las escenas más intensas que nos regaló la pantalla en las últimas décadas. Cabe también destacar las secuencias del nacimiento del bebé y la huida de Theo a través de las calles y edificios en ruinas en medio de una cruenta batalla, aunque el efecto de continuidad, a veces, se logra a través de la magia de los efectos especiales. 

Buenos Muchachos (Goodfellas, 1990)

Martin Scorsese y Michael Ballhaus agarran una steadicam y persiguen a Ray Liotta y Lorraine Bracco desde la calle hasta su lugar de privilegio en la primera fila del escenario del restaurante. Así conocemos la parte trasera, los recovecos de la cocina, los pasillos y los personajes casuales, todos muy serviciales a la hora de cruzarse con el nuevo aprendiz de la mafia. La escena no es casual, es una gran metáfora de lo que está por venir. En la vida no funcionan los atajos y, como en toda carrera criminal, todo lo que sube… termina estampado contra el suelo. Un plano magistral que hasta fue parodiado por Los Simpson (The Simpsons). 

Oldboy: Cinco Días para Vengarse (Oldeuboi, 2003)

Sí, la famosa escena del pasillo. Un travelling (desplazamiento) lateral lleno de peleas, sangre y bastante sudor. La toma se rodó unas diecisiete veces durante tres días y no tiene ningún tipo de cortes, a excepción del cuchillo que lleva clavado en la espalda Dae-su Oh, que fue agregado digitalmente. Un trabajo conjunto entre Park Chan-wook, el director de fotografía Chung-hoon Chung y la gran música de Yeong-wook Jo, que le agrega ese ‘je ne sais quoi’ a este violentísimo momento cinematográfico emulado hasta el hartazgo. 

Yapa: El Secreto de sus Ojos (2009)

Juan José Campanella no se anda con chiquitas y el laburo que se mandó el director de fotografía Félix Monti se merece, de por sí, unos cuantos galardones. La escena en cuestión, la persecución del sospechoso a través de los rincones del estadio Tomás Adolfo Ducó (sede del Club Atlético Huracán) durante un partido del glorioso Racing Club, tardó tres días en realizarse e incluye un comienzo espectacular desde una toma aérea que baja hacían el campo de juego, las tribunas, los pasillos del estadio e incluso los baños, para volver y terminar en el verde césped de la cancha. 

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Jefa de redacción. Nolaniana incurable. DC me da y me quita.