domingo, diciembre 4, 2022

Acá no se trata de elegir un bando: el de Martin Scorsese y sus “polémicas declaraciones” sobre las películas de superhéroes o el eterno reclamo de Kevin Feige (presidente de Marvel Studios) para que esas mismas producciones sean tomadas en serio a la hora de los premios. La realidad –y la taquilla– dejaron en claro que las historias comiqueras llegaron para quedarse porque, al final del día, son una de las propiedades intelectuales más rentables para los estudios cinematográficos. Pero, ¿siguen siendo relevantes? 

Los invitamos a hacer un viaje al pasado, apenas una década atrás, cuando las historias de superhéroes eran verdaderos “eventos”. Los estrenos alusivos se contaban con los dedos de una mano (y mucho menos), se intercalaban con el éxito de otras franquicias y se complementaban en las marquesinas con películas muy diferentes, orientadas a públicos diversos. Estos justicieros en spandex no dominaban la escena ni la conversación, algo que fue mutando con el correr de los años, la explosión de los universos compartidos y los cambios en los hábitos de consumo.

A medio camino, los superhéroes lo invadieron todo, marcando las reglas del juego y las decisiones de los ejecutivos, más ansiosos por contar las ganancias que por sumar productos de calidad a un mercado cada vez más saturado de clones y carente de originalidad. Ojo, no nos estamos quejando… Bueno, tal vez nos quejamos un poco. ¡Amamos los superhéroes en todas sus formas! Pero nunca a expensas de esas otras producciones que también colman nuestros corazoncitos cinéfilos. Como bien dicen, “en la variedad está el gusto” y, tanto en la Fuerza como en la industria cinematográfica, debe existir un balance.  

Los números del primer fin de semana de lanzamiento de Pantera Negra: Wakanda por Siempre (Black Panther: Wakanda Forever, 2022) –solo 180 millones en los Estados Unidos– dejan en claro que no existe tal cosa como la “fatiga superheroica”. ¿Pero esto es realmente así? La conclusión de la Saga del Infinito con Avengers: Endgame (2019) y la culminación de la Fase 3 del MCU (Universo Cinematográfico de Marvel) con Spider-Man: Lejos de Casa (Spider-Man: Far from Home, 2019) sin dudas trazaron una línea imaginaria, un antes y un después que se intensificó con la llegada de la pandemia. 

Más allá del panorama desfavorecedor de la cuarentena, ninguno de los estrenos que llegó a las salas de cine o el streaming logró revitalizar el fenómeno o trascender el mero entretenimiento. Hoy, esa conversación de la que hablamos más arriba dura un tiempo casi efímero (lo que separa un lanzamiento del siguiente), la discusión no se amplifica en las redes sociales ni se extiende demasiado el aluvión de videos en YouTube explicando las escenas post-créditos o esos “detalles que te perdiste”… ni siquiera un meme que selle el compromiso de los fans, al mejor estilo “Why did you say that name?” o un “I Love You 3000”. ¿Qué se nos rompió?

El compromiso de la audiencia, en la mayoría de los casos –Spider-Man: Sin Camino a Casa (Spider-Man: No Way Home), Batman (The Batman), Doctor Strange en el Multiverso de la Locura (Doctor Strange in the Multiverse of Madness), Thor: Amor y Trueno (Thor: Love and Thunder), Black Adam–, sigue intacto cuando se trata de pagar una (o varias) entradas. Incluso se sintió con fuerza tras la reapertura de los cines y el regreso paulatino de la normalidad post-pandemia. Pero también es cierto que blockbusters como Top Gun: Maverick y Jurassic World Dominio (Jurassic World Dominion) acapararon un poco más la atención, abriendo el interrogante sobre esta ¿creciente? falta de interés por las historias comiqueras. 

En lo que va de 2022 se estrenaron el doble de películas superheroicas que en 2012. El “evento” ya no lo es tal y, aunque el monopolio de los justicieros parece no flaquear, algo está cambiando en nuestra percepción. ¿Será que las historias se estancaron o esa fatiga de la que muchos hablan empieza a convertirse en una posibilidad? El debate está abierto.

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Jefa de redacción. Nolaniana incurable. DC me da y me quita.