martes, junio 30, 2026

El Oso ya estrenó su quinta y última entrega, dándole un desenlace al arco de cada personaje de la serie. 

Nota: esta reseña puede contener spoilers si no están al día con la serie.  

A mediados de 2022, saliendo de la pandemia, FX sorprendió con El Oso (The Bear), dramedia –más drama que comedia– creada por Christopher Storer y centrada en Carmen ‘Carmy’ Berzatto (Jeremy Allen White): un chef de alta cocina quien decide abandonar su prestigioso puesto en Nueva York y regresar a su ciudad natal, en Chicago, para hacerse cargo del restaurante familiar tras la muerte de su hermano Michael (Jon Bernthal). A lo largo de cinco temporadas, la visión de Carmy transforma a The Original Beef of Chicagoland en The Bear, un restaurante de autor que, desde el minuto uno, lucha por salir adelante y encontrar a su clientela en el competitivo ambiente gastronómico. 

Desde el comienzo, la serie brilló gracias a la autenticidad con la que retrata la escena culinaria, el esfuerzo y los conflictos que se dan detrás de las puertas de las cocinas. Pero su verdadero fuerte está en los personajes y en esta ‘familia ensamblada’ que siempre parece estar al borde del colapso nervioso o el ataque de pánico. Después de dos primeras entregas donde la historia se reinventó episodio a episodio, dejando lugar para el lucimiento de cada personaje secundario y su camino personal, la creación de Storer perdió un poco el rumbo y cayó en la repetición; pero esta quinta y última temporada encontró su ritmo y la mejor manera de darle un cierre a sus protagonistas. 

EL ÚLTIMO SERVICIO

La quinta temporada de El Oso arranca donde nos habíamos quedado: el reloj de Jimmy (Oliver Platt) se acerca peligrosamente al cero, mientras Sydney (Ayo Edebiri) debe comenzar el próximo servicio –tal vez el último– procesando la decisión de Carmy de alejarse del restaurante y del mundo culinario. Afuera, Chicago experimenta la peor tormenta en años; una tempestad que se cuela puertas adentro, literal y metafóricamente. 

Fiel a su estilo, Storer (director de casi todos los capítulos) nos entrega ochos episodios vertiginosos y verborrágicos, concentrados en este día de trabajo crucial. Las horas pasan, la lluvia no cesa, las reservas se amontonan y los problemas se siguen acumulando en la cocina. Una prueba final para todos, incluidos los inversionistas que busca una salida para este negocio en picada (por cierto, lo más flojo y molesto de la temporada). Y especialmente para Sydney, quien está apunto de experimentar su bautismo de fuego gastronómico, dirigiendo un servicio donde falta la materia prima y sobran los comensales. 

CADA CUAL A SU JUEGO

Sobrevivir a este servicio no garantiza la estabilidad para el restaurante, pero con Sydney a la cabeza, y a pesar del caos a su alrededor, todos están más que dispuestos a dar el 110%. En ese último esfuerzo, los guionistas encausan los errores de entregas pasadas y nos recuerdan por qué The Bear rompió algunos moldes narrativos. Se agradece el hecho de no tener que esperar varios años entre temporadas y esa minuciosa atención al detalle captado por las cámaras, pero este final se siente como una película larguísima cortada en secciones más que una historia episódica; un mal de la era del streaming y el binge watching que no nos da el debido tiempo para procesar un capítulo antes de pasar al siguiente.

Esta última entrega se beneficiaría muchísimo de esa ’pausa’ entre episodios –algo que demostró The Pitt, a pesar de su relato en ‘tiempo real’–, pero igual la decisión no desentona a la hora de remarcar este vértigo constante que marca el ritmo de la serie desde sus comienzos, siempre a punto de explotar. Por suerte, también tenemos momentos de calma y de reflexión para los personajes; instantes de desahogo, crecimiento, realización y madurez que los empujan a dar el siguiente paso, sea cual sea. Para cuando llega el último capítulo (“The Original Beef of Chicagoland”), todos tienen su merecido cierre dentro de esta historia, pero también la puerta abierta a lo que vendrá. 

Hulu

CONCLUSIÓN

Para una serie tan cargada de traumas familiares, The Bear logra concluir en su nota más positiva y esperanzadora, incluso para esos protagonistas que todavía deben terminar de sanar. Storer y compañía conjugan grandes momentos –emotivos y humorísticos– sin abusar de los cameos ni sus flashbacks característicos, dejando una conclusión más que digna para una serie con altibajos. Esta quinta temporada se ubica entre lo mejor del show, a pesar de situaciones que no suman y personajes que se acercan a lo caricaturesco. Al final del día, lo más importante son las personas, sus anhelos y las relaciones que se establecen entre ellos: la familia de El Oso. Y, ese punto, la serie triunfa.  

Puntaje: 3.5 de 5

Jefa de redacción. Nolaniana incurable. DC me da y me quita.