domingo, septiembre 19, 2021

Shang-Chi, la nueva película de Marvel, es un éxito, aún en plena pandemia. Con una recaudación de casi 100 millones de dólares en su primer fin de semana y una alta retención de audiencia en el segundo podría convertirse en la nueva película más vista del año, superando a Black Widow, otro éxito de Marvel.

Pero la taquilla internacional de estas dos películas será la más baja de la historia del estudio, por una diferencia de cientos de millones de dólares. Y la razón es simple: ninguna de las dos está programada para estrenarse en China, un país que suele representar entre el 20 y 30% de la recaudación de las películas de Marvel.

Solo en China, Avengers: Endgame recaudó más de 600 millones de dólares.

El gobierno chino controla con mano de hierro la industria del entretenimiento de ese país y autoriza cada año entre 30 y 40 películas norteamericanas para su estreno en las más de 12.000 salas de cine de la nación. En lo que va de 2021, sin embargo, se han aprobado menos de una docena.

Esto no tiene que ver directamente con el cine. China está viviendo un cambio cultural que afecta a las industrias del entretenimiento, la música, y la tecnología. El partido comunista chino está celebrando sus 100 años de historia y la plana dirigente está fomentando un regreso a sus raíces, publicando editoriales en medios públicos contra la cultura del consumo del fandom, las estrellas pop “afeminadas” y los videojuegos (el opio espiritual”).

En la pre-pandemia, Marvel llevaba a sus estrellas a las premieres en Beijing.

El estreno internacional de Black Widow nunca se aprobó, ya que caía en medio de las celebraciones de este aniversario. Al haber sido estrenada en simultáneo en Disney+, la película ya ha sido pirateada por toda China y por lo tanto Marvel ya no tiene interés en llevarla a los cines.

Pero el caso de Shang-Chi y Eternals es más complejo, y tiene que ver con la toma de posición política de miembros de su producción y el requerimiento de los espectadores chinos más militantes de que actores y directores respondan a cierta corrección política.

Las películas de la saga Rápido y Furioso recaudan aún más en China que en Estados Unidos y otros países del mundo.

En una entrevista en mayo con el medio taiwanés TVBS sobre su participación en Rápidos y Furiosos 9, el actor John Cena declaró que “Taiwán es el primer país del mundo en ver la película”. En China, Taiwán no se considera un país sino un territorio disidente, cuya soberanía está en disputa.

Las redes sociales de China exigieron una disculpa a Cena, que posteó en un video en el que (sin mencionar a Taiwán) pide disculpas por “su error”. La película pudo estrenarse en China.

Cena se disculpó en chino, como para demostrar su contrición.

Estas redes sociales chinas repiten un patrón de comportamiento con respecto a declaraciones polémicas de artistas internacionales: tomar un extracto de una entrevista de la actualidad o del pasado, sacarlo de todo contexto y publicarlo en redes sociales, que lo amplifican indignadas y obligan al “acusado” a responder.

El sábado, el medio Deadline publicó un informe sobre la polémica que hay en China sobre comentarios que Simu Liu (Shang-Chi) dió en una entrevista al medio canadiense CBC en 2017, en la que dijo que sus padres le contaban anécdotas sobre China, “un país del tercer mundo en el que la gente se muere de hambre”. 

La entrevista a Liu de la CBC, compartida en varios sitios de video chinos.

Liu, hasta ahora, no se ha disculpado por sus comentarios, pero ayer posteó en Instagram un mensaje agradeciendo a los fans de Marvel en China hablando de las “narrativas mediáticas que buscan polarizar al público”. No está claro si esto será suficiente para aceitar la autorización del estreno.

El caso de Eternals es aún más complicado. La directora Chloe Zhao nació en China y migró en su adolescencia a Inglaterra. Durante los primeros años de su carrera la reacción de los cinéfilos chinos a sus películas independientes fue positiva, pero el año pasado, el estreno de su película Nomadland se canceló debido a comentarios que la directora dio a la revista Filmmaker en 2013, hablando de China como “un lugar lleno de mentiras”.

Los censores chinos prohibieron hablar del triunfo en los Oscar de Chloe Zhao en las redes sociales locales.

Liu y Zhao son dos artistas que recién empiezan su carrera, no están particularmente orientados al cine comercial, y por lo tanto no tienen (ni deberían tener) interés en una toma de posición política por comentarios que no consideran fuera de lugar.

Por lo tanto, luego de un 2020 sin estrenos y un 2021 fuera del radar y marcado por las polémicas, podría ser el final de la carrera de Marvel en China… Algo que no necesariamente sería negativo. Ni para China, ni para los espectadores de otros países.

A lo largo de la última década se ha escrito mucho sobre cómo la dependencia económica en las audiencias de China altera los contenidos del cine comercial que se estrena en el resto del mundo, no solo a nivel de censura y edición del producto final sino directamente en el guión, en especial en temas políticos y escenas LGBTQ.

Un personaje que causó varios dolores de cabeza a Marvel: cambio cultural, cambio de género, cambio de etnia.

Quizás el cambio más claro en el universo Marvel sea el del personaje Ancient One (Tilda Swinton) en Doctor Strange. En los cómics el “Anciano” es tibetano, otro territorio en conflicto. El guionista C. Robert Cargill decidió cambiar su origen a celta para “no alienar a mil millones de personas”.

Parece una ironía que Shang-Chi no vaya a estrenarse en China, considerando que es una producción ambientada en ese país y que apela directamente al consumidor asiático con la presencia de estrellas de la región como Tony Leung, Michelle Yeoh y Fala Chen.

Shang-Chi es un homenaje a la cultura china, y en especial a su cine.

Esto tampoco es una garantía de éxito, ya que la versión live action de Mulan fue un fracaso relativo en su estreno en China en 2020, y ya en 2019, y a pesar de los 630 millones que recaudó Avengers: Endgame, el público chino había elegido producto local por sobre los tanques de Estados Unidos. A esto se suman las barreras comerciales que tienen los servicios de streaming norteamericanos para entrar al mercado chino… ¿le cierra a Disney estrenar estas películas si no traen nuevos suscriptores a Disney+?

Más allá de censura y de la coyuntura local, hay un mensaje claro: si el producto pensado para China no funciona en China, si los talentos detrás de las películas no están dispuestos a autocensurarse para no ofender al público de ese país, y si los cambios de contenido perjudican al público diverso e inclusivo que hoy los grandes estudios están tomando en cuenta, quizás sea hora de resignarse a perder la cuantiosa taquilla del país más cinéfilo del mundo.

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Contenidomante. Fundamentalista de Johnnie To, PS Vita y Amy Sherman-Palladino. Le gustó Jupiter Ascending así que de ser vos no confiaría mucho en sus opiniones.