martes, diciembre 1, 2020

Justo para la llegada de las consolas de la nueva generación, Ubisoft lanzó una nueva entrega de la saga Assassin’s Creed, en esta ocasión para enviarnos a tierras vikingas. ¿Vale la pena?

Un nuevo Assassin’s Creed significa una nueva historia y un enorme mundo por recorrer. Aquellos que no los juegan, creen que se trata de cambios visuales y temáticos, pero más que nunca Valhalla viene a demostrar que cada nueva entrega significa una nueva experiencia.

La historia se centra en Eivor, que puede ser hombre o mujer, y sigue su camino como vikingo en tierras inglesas, intentando conquistar y dominar todo el territorio en donde se cruzará con figuras icónicas, como los hijos de Ragnar Lodbrok.

El título del juego, que da comienzo a la aventura propiamente dicha, aparecerá recién después de varias horas de acción, cuando el clan de los cuervos al que pertenece Eivor abandona Noruega para encontrar un nuevo hogar. En ese “tutorial” que ofrece una versión reducida del mapa aprenderemos mecánicas básicas y algunas novedosas, pero en el resto del juego seguiremos explorando los rincones que ofrece la experiencia.

El Asentamiento será el centro de mando de Eivor, donde podrá ir expandiendo su territorio y creando nuevas construcciones. Comenzando por el herrero, todas las locaciones dentro del asentamiento cumplirán funciones específicas y ofrecerán mejoras para Eivor y su clan a cambio de distintos recursos. La mejor manera de conseguirlos es con las redadas, pero hay mucho material suelto por el mapa que invita a explorar seguido.

Assassin’s Creed: Valhalla nos acerca lo más que puede un videojuego a la experiencia de ser vikingo, destrozando pueblos a su paso, avanzando como una gran familia y celebrando después con enormes banquetes y mucho alcohol. Desde el minuto cero, el juego logra despegarse del resto de la saga con esos elementos únicos de los nórdicos.

Eso también hace que se incorporen muchas nuevas mecánicas relacionadas a la cultura vikinga. Algunos parecen menores, como competencias de bebida o una versión antigua de las payadas, pero hasta estas pequeñas novedades tienen efectos y consecuencias en el camino de Eivor.

La gran ausencia es el combate naval, pero lo cierto es que no se nota. El mapa no cuenta con grandes cuerpos de agua salada, sino que se compone de muchos ríos angostos. Allí, el navío vikingo es la mejor opción para ir de un lugar a otro y jamás nos vamos a cruzar con enemigos en el agua.

Otros elementos, especialmente de Assassin’s Creed: Odyssey, están de vuelta con alguna pequeña vuelta de tuerca. Por otro lado, el árbol de habilidades fue completamente renovado. Aunque todavía me falta bastante para descubrirlo por completo, plantea un sistema muy diferente a lo visto hasta ahora, donde no hay una estrategia determinada para avanzar, sino que la idea es ir descubriendo qué depara este apartado.

Hay decisiones que tomar en una gran cantidad de misiones, hay una enorme variedad de armas y armaduras que se pueden mejorar con runas especiales. Además, al comenzar la aventura se pueden elegir diferentes dificultades para el combate, los segmentos de sigilo y la exploración. Así, la aventura se ajustará mejor a cada jugador desde el más mínimo detalle.

Assassin’s Creed: Valhalla genera un gran equilibrio entre elementos nuevos y ya conocidos en la franquicia. La exploración del mapa también cambió muchísimo y constantemente nos invita a explorar todo menos la misión principal. Los dioses nórdicos, por su lado, no sólo están más presentes que las deidades de los últimos títulos, sino que intervienen en la historia de una manera muy diferente.

Gráficamente, el juego no trae demasiada novedad. No se siente un título de la nueva generación, sino más bien un gran juego para despedir a las “viejas” consolas. De todas maneras, el estudio apostó a un lanzamiento en conjunto con las nuevas plataformas y es algo que terminó jugándole en contra, porque Assassin’s Creed: Valhalla está lleno de errores.

Comandos que no aparecen, personajes que salen volando, física inexplicable y hasta misiones que no se activan, obligando a reiniciar el juego o empezar desde cero. Todo es arreglable, pero injustificable.

Fanáticos de Assassin’s Creed ya deben estar recorriendo tierras vikingas, pero aquellos que todavía no tengan el juego, tal vez prefieran esperar a que se encuentre un poco más estable y no a un paso de implosionar. Lo cierto es que, cuando funciona, AC: Valhalla es una experiencia muy completa capaz de brindar horas y horas de entretenimiento y novedades sin aburrir.

Editor. Todavía espera ser un Power Ranger o el próximo Doctor Who, lo que ocurra primero.