domingo, julio 12, 2026

La magia de una película animada es casi imposible de replicar a través de imágenes live action. Por eso, tal vez, los mejores intentos son aquellos que buscan diferenciarse de la versión original (o la más reconocida), visual y/o narrativamente, y expanden el universo de la historia y sus personajes. Al menos, son las adaptaciones más interesantes de ver.

La ‘nostalgia’, esa palabra que parece haberse convertido en el pitch favorito de muchos ejecutivos de Hollywood, es un arma de doble filo en cuanto a estas traslaciones a la pantalla grande. Tienen éxito (comercial) cuando apelan a un público específico –los niños de los años noventa que crecieron durante el renacimiento animado de Disney–, pero en otros casos no logran conectar con las masas. ¿Por qué? Porque la versión animada es ‘mágica’ y muchas de estas historias no fueron pensadas para ser interpretadas por actores con las pelucas más distractivas.   

El live action de Moana (2026) es el último gran ejemplo de “Si funciona, no lo arregles”; pero el problema es que ya no funciona. La versión animada tiene apenas una década de existencia, la secuela se estrenó en 2024 y no hay ‘distancia emocional’ para justificar esta adaptación que emula al original, cuadro por cuadro, sin sumar nada nuevo a la ecuación. Por el contrario, la película dirigida por el debutante Thomas Kail no logra recapturar el espíritu de su antecesora, diluyendo el aspecto visual y emocional de la odisea de esta joven exploradora. Lo mismo ocurrió el año pasado con Cómo Entrenar a tu Dragón (How to Train Your Dragon, 2025), una aventura bien construida que, igual, palidece ante su gran versión animada. 

Mason Thames Cómo Entrenar a tu Dragón Banner 1
DreamWorks

A diferencia de Lilo & Stitch (2025), un éxito de taquilla que superó los mil millones de dólares, o la propia adaptación de Chimuelo con sus más de 600 millones de dólares a nivel mundial, Moana parece tener un futuro económico más desalentador –donde también debe competir con Toy Story 5 y Minions & Monstruos–, aunque no está todo dicho en medio del verano boreal y las vacaciones de invierno del hemisferio sur, donde los niños corren en masa a las salas de cine. 

Hay un antes y un después de la pandemia para estas adaptaciones live action, sobre todo de los clásicos animados de Disney. Pero también para las películas de superhéroes, las grandes franquicias y la industria en general. Mientras que algunos títulos son infalibles, otros están luchando por recuperar a su público después del ‘day and date’ (los estrenos simultáneos en cines y plataformas de streaming), los lanzamientos directos en on demand, la fatiga y una audiencia más exigente que, de vez en cuando, reclama un poco de originalidad. 

La Sirenita (The Little Mermaid, 2023) y Mufasa: El Rey León (Mufasa: The Lion King, 2024) no alcanzaron los números de La Bella y la Bestia (Beauty and the Beast, 2017), El Rey León (The Lion King, 2019) o Aladdin (2019), pero tampoco se convirtieron en fracasos financieros rotundos como Blanca Nieves (Snow White, 2025). Las críticas mezcladas o negativas no parecen influir mucho en la audiencia, pero ¿qué pasa si el público termina de darles la espalda? 

Queda claro que no hay mucha ‘originalidad’ o desviación de la versión animada en esas películas tan exitosas; de ahí, en parte, su triunfo al conectar con la nostalgia millennial de la que hablamos al principio. Muchos querrán que sus historias favoritas se mantengan fieles a esos recuerdos de la infancia, pero a la larga –o a la corta– el copy/paste hará mella en el resultado final, porque lo que funciona en el dibujito no siempre tiene el mismo efecto en su traslación de carne y hueso. Un ejemplo muy claro es Dwayne Johnson como Maui: un carisma perfecto para la animación, y el personaje más fuera de tono en esta nueva versión live action. Lo más contradictorio es que se trate del mismo actor.

Jefa de redacción. Nolaniana incurable. DC me da y me quita.