El universo de Mi Villano Favorito (Despicable Me) se sigue expandiendo con Minions & Monstruos (Minions & Monsters, 2026), una nueva aventura protagonizada por los amarillentos secuaces de Gru que, esta vez, nos llevan al pasado y nos muestran cómo lograron conquistar el Hollywood de los años veinte convertidos en estrellas. El director y coguionista Pierre Coffin aprovecha este escenario de la época dorada para referenciar a un montón de clásicos de la pantalla grande; una ‘carta de amor’ al cine que atraviesa varias décadas. En honor al estreno de la película, repasamos cinco títulos imperdibles para cualquier cinéfilo.
VIAJE A LA LUNA (LE VOYAGE DANS LA LUNE, 1902)
No hay imagen cinéfila más icónica que el cohete que da de lleno en el ojo del satélite en Viaje a la Luna (Le Voyage dans la Lune, 1902) del magnánimo, y padre de todas las cosas buenas, Georges Méliès. Este primitivo cortometraje de apenas catorce minutos –que mezcla acción viva con animación–, combina De la Tierra a la Luna (De la Terre à la Lune Trajet direct en 97 heures, 1865) de Julio Verne con Los Primeros Hombres en la Luna (The First Men in the Moon, 1901) de H. G. Wells para convertirse en precursor de la ciencia ficción y los efectos especiales en la gran pantalla.
CANTANDO BAJO LA LLUVIA (SINGIN’ IN THE RAIN, 1952)
Hollywood, 1927. Actores, directores, productores y escritores deben afrontar las dificultades técnicas, y de otras índoles, que supone la problemática transición del cine mudo hacia el sonoro; y aceptar la terrible realidad de que no todas sus grandes estrellas van a encajar en ese nuevo firmamento cinematográfico. Este clásico musical, pergeñado por Stanley Donen y Gene Kelly, no solo es un gran reflejo de una época confusa (y un poco cruel) para la industria, sino uno de los mejores exponentes del género, que combina encanto, humor, romance y un par de melodías que podríamos tararear hasta el hartazgo.
TIBURÓN (JAWS, 1975)
Las apacibles vacaciones de los habitantes de la pequeña isla de Amity se ven interrumpidas por la llegada de un visitante inesperado. El jefe de policía del lugar debe hacer equipo con un oceanólogo y un pescador bien curtido para cazar y detener a esta terrible amenaza: un gigantesco tiburón blanco. De esta manera, el joven Steven Spielberg inaugura la era del “blockbuster moderno” –y ahuyenta a los vacacionistas de las playas– jugando con la parte por el todo, la anticipación y el misterio que rodean a su criatura mortífera. El drama y el terror condensados en una aleta y la partitura de John Williams; y ni hablar de las fobias que toman formas escalofriantes bajo el agua, de la mano del escualo más famoso y relevante de todos los tiempos.
EL CIUDADANO (CITIZEN KANE, 1941)
Después de varios hitos, Orson Welles debutó tras las cámaras y le salió “la mejor película de todos los tiempos”. Acá, un grupo de periodistas se embarca en la titánica tarea de descubrir cuál es el verdadero significado de las últimas palabras del magnate Charles Foster Kane (Welles); un recuento de su vida –desde su más tierna infancia–, narrado a través de los ojos de sus allegados, familiares y amigos. La historia suena simple y hasta anecdótica, pero la forma en que está estructurada (desde múltiples puntos de vista), la magistral puesta en escena y el uso de la cámara (las luces y las sombras), la convierten en el referente indiscutido del cine moderno y cualquiera de las disciplinas cinematográficas.
EL OCASO DE UNA VIDA (SUNSET BOULEVARD, 1950)
Este film noir es una de las mejores películas de Billy Wilder, una de las mejores películas de todos los tiempos y una de las mejores películas sobre el cine dentro del cine: sus miserias, la fama y la fortuna. Al momento de su estreno, no cayó muy bien entre los ejecutivos y las estrellas que se vieron reflejados en la trama de esta fábula centrada en Norma Desmond (Gloria Swanson), una celebrity del cine mudo que se niega a abandonar sus días de gloria y sueña con su retorno triunfal a la pantalla grande. Ahí entra en juego Joe Gillis (William Holden), un guionista necesitado de trabajo que se convierte en la ‘mascota’ y el amante de la diva.











