El género de terror puede estar asociado a los miedos y angustias más profundas del ser humano, puede estar representado en un baño de sangre espeluznante o ser una mordaz crítica sociopolítica y cultural. Muchas veces, sus escenas gore son motivo de risa –aunque esa no sea su intención–, pero cuando la idea es arrancarnos alguna carcajada, entra en juego la sátira, el homenaje y ese cruce con el humor que tan bien le ha hecho al género, revitalizándolo a lo largo de las décadas. Porque no solo de sustos vive el amante del horror, acá van cinco comedias que supieron aprovecharlo como recurso narrativo y fuente inagotable de entretenimiento.
GREMLINS (1984)
Antes de abrir ciertos regalos, hay que leer muy bien las instrucciones y seguirlas al pie de la letra. Si no, les puede pasar lo mismo que a Billy Peltzer (Zach Galligan) y desatar una horda de malévolas criaturas peludas, que terminan destruyendo el apacible pueblito de Kingston Falls donde vive. No podemos culpar a Gizmo, el mogwai más adorable de la pantalla, pero sí a los humanos incapaces de aceptar semejante responsabilidad. Joe Dante y Chris Columbus mezclan fantasía, humor y su buena cuota de terror familiar para concebir un clásico ochentoso insuperable… cuando se trata de festejos que pueden salir mal.
CREEPSHOW: EL FESTÍN DEL TERROR (CREEPSHOW, 1982)
George A. Romero y Stephen King unen fuerzas en esta antología de terror que homenajea a los clásicos cómics de la década del cincuenta y del sesenta como Cuentos de la Cripta (Tales from the Crypt) o The Vault of Horror, donde los malos obtiene su merecido, irónicamente, de una forma bastante espeluznante. Un pequeñín que es castigado por leer este tipo de relatos es el eje central de estas cinco historias llenas de humor, afecto y cierto aire macabro, con un gran elenco –Hal Holbrook, Adrienne Barbeau, Leslie Nielsen y Ted Danson, entre otros– que no tiene miedo de hacer el ridículo.
MUERTOS DE MIEDO (BRAINDEAD, 1992)
Mucho antes de pasearse por la Tierra Media, Peter Jackson era el campeón de las películas de bajo presupuesto; grotescas, bizarras y repletas de la misma dosis de humor y hemoglobina. Esta orgía gore plagada de vísceras, sobre la relación de un hijo y su madre zombie (y sobreprotectora) en la Nueva Zelanda de los años cincuenta, es considerada una de las películas más sangrientas de la historia –¿y la única donde se mete a un bebé adentro de una licuadora?–; toda una sátira de la reprimida clase media suburbana de la época, que subraya las consecuencias de un Edipo mal curado.
FELIZ DÍA DE TU MUERTE (HAPPY DEATH DAY, 2017)
Descrito como la cruza entre Hechizo del Tiempo (Groundhog Day, 1993) y Scream: Vigila Quien Llama (1996), este slasher de la prolífica productora Blumhouse se centra en Tree (Jessica Rothe), una estudiante universitaria egocéntrica y altanera, quien encuentra su final el mismo día de su cumpleaños. Aunque la historia no termina ahí, porque Theresa está obligada a repetir una y otra vez los sucesos de su trágica muerte a manos de un asesino que oculta su identidad detrás de la máscara de la mascota de la escuela. Imposibilitada de escapar del loop que cada mañana la hace despertar en la habitación de su compañero Carter Davis, la chica decide eludir su destino mortal e intentar desenmascarar al culpable, haciendo algunos ajustes personales en el proceso.
EL REGRESO DE LOS MUERTOS VIVOS (THE RETURN OF THE LIVING DEAD, 1985)
Dan O’Bannon se pone por primera vez detrás de las cámaras y le da una vuelta de tuerca al subgénero de los muertos vivos. Esta comedia negrísima, al ritmo del punk, se diferencia notablemente del estilo de George A. Romero por su humor más mórbido, sus diálogos excéntricos y una significativa desnudez. Además de introducir el concepto de ‘come cerebros’, como el nuevo menú gastronómico de las criaturas; que acá cobran vida después de que los empleados ineptos de un almacén de suministros médicos liberan, sin querer, un gas mortal en un apacible pueblito de Kentucky.











